En la colmena del Gigante

calzada del gigante fotos

Es un avispero de viento. Una colmena poliédrica. Un volcán que dormita. Es la Calzada de ese Gigante que un día dejó sus huellas impresas en el norte de Irlanda y también al otro lado del horizonte, en Escocia, aunque ahora parte de esas pisadas artísticas hechas de magma las tape el mar.

Los bloques geométricos son de una naturaleza caprichosa. Marcan un camino que sube y baja por la costa, como si fueran escaleras negras que poco después se destiñen y aparecen parduzcas y se pelean con el verde de los acantilados del litoral.

puente de cuerda

El océano bate sus olas con furia en un típico día gris irlandés. Por eso, cuando llegamos al Carrick-a-Rede Rope Bridge, el puente colgante está cerrado. Se balancea arrítmicamente con cada bocanada del aguerrido viento del Atlántico, como si estuviera jugando a la comba.

La iglesia en la costa de los gigantes

A la iglesia blanca que se interpone ahora en el horizonte parece no molestarle ese viento huracanado, gélido para ser un mes de abril robado, como diría Joaquín Sabina. Las carreteras del norte de Irlanda se entrelazan unas con otras y no hay señalización. A veces, llegar a tu destino depende de eso, del destino. Todo se alía para encontrar el B&B más especial en el que he estado. Es otra iglesia reconvertida en hogar. “El edificio más antiguo del pueblo”, dice el propietario con una timidez encantadora, que diría Ricardo.

Dunluce Castle

En la costa del Gigante, a lo lejos, el castillo Dunluce clava sus agujas de piedra al cielo amenazante. Parece hacer equilibrismo al borde de un acantilado, para evitar caer sin remedio al mar. Es del siglo XIV.

Bushmills whiskey

Cien años antes ya se fabricaba por estos lares un whiskey, el Bushmills. Lo menciona un libro titulado Uisce Beatha, en gaélico ‘El agua de la vida’, que no deja de ser una gran metáfora. La destilería Old Bushmills alardea de ser la más antigua del mundo, a la tarea desde 1490 y con licencia desde 1608, rivalizando con la fama del whiskey del otro lado del charco. Dicen que la diferencia con el escocés está en la ausencia de turba ahumada en su sabor. Solo para expertos, en fin.

The dark Hedges1

El encanto de The dark Hedges es para todos los públicos. Es un paseo de hayas de ramas desnudas que, como las carreteras, parecen entrelazarse unas con otras, aunque solo sea un efecto óptico. Fue la manera que la familia Stuart ideó hace más de 200 años para dar la bienvenida a la Gracehill House, su mansión georgiana en Ballymoney. Al final del camino arbolado que es ahora la Bregagh Road se pierde el punto de fuga.

el banco

El horizonte se tiñe de blanco en ese otro camino que zigzaguea por la costa. En plena primavera, todavía quedan algunos rastros de la nieve que cayó al borde del mar unas semanas atrás, alimentando ‘vanishing lakes’, lagos que aparecen y desaparecen según el capricho del cielo y su lluvia sempiterna.

Olas baten la costa horte de Irlanda

Ahora es el mar embravecido el que nos obliga a serpentear todavía más para alcanzar de nuevo los carteles que nos llevan dirección Belfast. El camino a la inversa sirve para experimentar la misma sensación de fronteras que solo se ven porque las banderas inglesas dejan, de repente, de ondear y el precio de la gasolina vuelve a estar en euros. La reina Isabel II se cobija en un billete de cinco pounds.

La reina madre

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